
Definida por algunos como una suerte de Nina Simone nórdica, Frida Hyvonen ha supuesto toda una sorpresa para los amantes de las buenas voces femeninas. Nació en 1977 en el poblado de Robertsfors, un pequeño lugar justo en las afueras de Umea, en el norte de Suecia y actualmente vive en la capital de Suecia, Estocolmo.
Desde 2005, cuando editó su estupendo “Until Death Comes”, esta sueca ha dejado a todo el mundo sin palabras. Desde entonces, su tour por Inglaterra junto a José González, su trabajo para el coreógrafo Dorte Olsen (“Frida Hyvönen Gives You: Music From the Dance Performance Pudel”) y su excelente versión del “Everybody Hurts”, el clásico de REM, no han hecho nada más que aumentar la expectación alrededor de la música de Hyvönen.
“Silence is Wild” confirma que estamos ante una artista a la altura de Kate Bush, Fiona Apple o Tori Amos. La sueca demuestra una habilidad inusual para las composiciones de marcado tono melancólico, donde su portentosa voz unida a un piano son las dueñas de la función.
En sentido, “Dirty Dancing”, un tema sobre el reencuentro con un amor de la infancia, o la más críptica “Enemy Within” ponen de manifiesto el talento de la intérprete para crear espacios íntimos recurriendo a escasa instrumentación. Por el contrario, sus intentos por abrirse a otros estilos no terminan de funcionar.
Este es el caso de “Scandinavian Blonde”, un tema de pub a lo Vonda Shepard, o “Birds”, una canción pop que no cuaja debido a una producción algo excesiva. Por suerte, este par de cortes son sólo un pequeño bache de un precioso álbum para escuchar solo o en muy íntima compañía.












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