En Suecia, a 145 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, se encuentra el segundo mayor municipio del mundo en área de extensión. Se llama Kiruna, y es un paraje conocido por ser la sede de la mina de hierro más moderna y grande del planeta. La existencia del mineral se descubrió en 1647 y el yacimiento empezó a explotarse a cielo abierto. No sería hasta el año 1960 que pasaría a ser subterráneo.
Desde entonces, la mina ha ido creciendo en extensión, cubre una superficie de cuatro kilómetros de longitud, y en profundidad, alcanza los 2.000 metros en vertical. Por ello, ningún turista debería renunciar a la oportunidad de entrar en el vientre del yacimiento. La oficina de turismo de Kiruna ofrece visitas guiadas a la mina, a la que el turista accede en autobús y equipado con un casco.
Al llegar a su interior, sorprende descubrir que está prácticamente deshabitado. Son muy pocos los mineros que trabajan en el subsuelo: la perforación de los filones y la extracción del mineral se controlan desde la superficie de forma remota. Así, diversos operarios miran cómo trabajan las máquinas desde sus pantallas de ordenador. No es ciencia ficción, sino tecnología punta.
Lo más impactante es conocer los cambios que ha experimentado y seguirá experimentando Kiruna a causa de la mina. Ya en 2004 se decidió trasladar el centro de la ciudad por miedo a posibles movimientos geológicos. Así, a medida que se amplíe el área de explotación, todos los edificios de la ciudad se irán desplazando para ganar en estabilidad y evitar desastres.
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